Páginas

domingo, 19 de enero de 2014

Puedo ver en la distancia.


Puedo ver en la distancia
niños que juegan despreocupados en un parque.
Puedo ver, en la distancia, calles adoquinadas
y caminadas, placenteramente,
por caminantes gozosos del aire urbanita que los acoge
y les proporciona familiaridad, un hábitat confortable.
Y puedo ver, a miles de kilómetros de nocturna oscuridad
a una pareja de jadeantes amantes,
cerca de alguna playa, haciendo el amor
enloquecidos sobre la suspensión
de un coche de interior vaporoso y húmedo.
Y yo puedo ver en la distancia
la mano del asesino que empuña el cuchillo
y acuchilla sin piedad a una víctima que muere marginal y sola.
Puedo ver un hombre como cualquier otro hombre
torturando a un hombre con saña y maldad extrema.
Puedo ver lo que no quiero y puedo ver
la criatura que recién nacida es recién muerta de hambre.
Y puedo ver a su madre que con la criatura muere
porque también nació muerta aun con vida.
Puedo verme a mí mismo entre el cielo y la tierra,
ínfimo, prescindible; ridiculizado
por la inmensidad tenebrosa del todo y la nada.
Puedo ver qué es mi respiración agitada
por el temor y puedo ver el vaho de mi grito
gritar en la humedad escandalosa en el aire.
Puedo verme sentado y puedo verme de pie.
Puedo verme ridículamente consciente
de que todo acaba porque todo ha empezado.
Puedo verme entonces llorar
porque no lloro y porque no río.
Y puedo verme pues, finalmente,
reír porque ignoro y disfruto
y porque estoy solo, tanto como tú.


No hay comentarios:

Publicar un comentario